sábado, 13 de diciembre de 2008

EN EL COCHE ANOCHECIENDO

Era de noche.
Era de noche y nevaba
bajo un cielo
al fin
negro,
un mar de oscuridad,
calma para mis ojos tristes.
La nieve arremetía contra el parabrisas del coche,
íbamos ganando la batalla,
el bosque de pinos
a un lado
se erigía desde el abismo
y me pregunté qué sentiría
si cayera al vacío inmenso.
"Buscaría una sombra entre la luz de la noche
que me guiase al alma mía escondida".
Y llegamos de nuevo
a la ciudad violeta,
lágrimas de luces
envueltas en lluvia de invierno.
Y era de noche.
Y eso era lo único
que tenía por cierto.

3 comentarios:

Jorge Ampuero dijo...

Me trae el recuerdo de algunas noches de carretera. Me gustó.

Saludos...

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Sólo espero de la noche, que
tu cuerpo cansado se agote
definitivamente satisfecho
enredado a mis venas...

Esto me ha evocado, que le vamos a hacer.
Un saludo

Nerea Ferrez dijo...

JORGE: gracias, me alegra que te guste el poema. Lo cierto es que las noches son una fuente de inspriración.

ANTONIO: tú evocación e smuy bonita, en serio, no la menosprecies, me recuerda a una noche de esas entre las sábanas ya sea con el ser amado al lado o ausente, pero lejos, añorando algo que no se sabe ni cómo ni cuándo se ha perdido.