Escuchando: "Nocturnal" de Amaral
Stevenson, el escocés
a quien su propio país le mataba
- literalmente -
y esta luna lorquiana
me gritan que Hyde empieza a despuntar entre mis dedos,
bajo las uñas resurge un mal que creía extinto
pero que se ha rebelado ante los golpes de la vida
y la indiferencia del destino.
Y esos versos negros
que ya creía olvidados,
el sentir que el mundo no me basta para forzar la sonrisa
a veces,
el golpeteo incesante de un quiero y no puedo,
el miedo, el temor, el horror,
de atisbar siquiera que pueda hacer daño
salen,
salen y me dejan
sola
con este vacío que no entiendo,
con esta soledad que me marchita,
con saberme amada
pero no entenderme
con ser
de nuevo
Νηρείς
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miércoles, 13 de julio de 2016
sábado, 1 de diciembre de 2012
Rebelión
Hoy,
a pesar de que la niña que me inunda la campana
decidió exponer sus debilidades,
hoy,
la guerrera,
la fuerte,
ha decidido rebelarse contra ella,
gritarle,
atarla a la pata de la cama y dejarla allí
para los restos.
Hoy,
Andrómaca ha caído
y en su lugar se alza Atenea,
que más que virgen jugaba al despiste mientras los poetas no miraban.
Hoy,
aunque en los ojos galopa el llanto
y se agolpa a las puertas como una presa a punto de estallar,
hoy,
he decidido que no,
que se acabaron los llantos,
las palabras grises,
las noches frías,
los días sin sol.
Hoy,
la hija de la Luna,
ha tomado la espada.
a pesar de que la niña que me inunda la campana
decidió exponer sus debilidades,
hoy,
la guerrera,
la fuerte,
ha decidido rebelarse contra ella,
gritarle,
atarla a la pata de la cama y dejarla allí
para los restos.
Hoy,
Andrómaca ha caído
y en su lugar se alza Atenea,
que más que virgen jugaba al despiste mientras los poetas no miraban.
Hoy,
aunque en los ojos galopa el llanto
y se agolpa a las puertas como una presa a punto de estallar,
hoy,
he decidido que no,
que se acabaron los llantos,
las palabras grises,
las noches frías,
los días sin sol.
Hoy,
la hija de la Luna,
ha tomado la espada.
domingo, 18 de noviembre de 2012
PENÉLOPE
Escuchando "Titanium"
Hoy, a tres días del aniversario del inicio de su viaje,
Penélope teje y desteje,
teje y desteje,
teje y desteje,
pensando en que Ulises, a tres días de cumplir tres años el comienzo de su andadura,
está en los brazos de Calipso sin acordarse de ella.
Penélope, sola, encerrada en su palacio,
desteje por el día sin molestarse en pensar que los pretendientes se molesten,
ya los espantó ella esperando que Ulises un día recobrara el juicio,
se montara en su barco y volviera a Ítaca.
Penélope desteje los recuerdos en su cabeza buscando el hilo traidor
pero han pasado tantas veces las hebras por sus dedos
que ya se le han borrado las huellas,
se le han secado los ojos, de tanto llanto y tanto observar,
se le ha encorvado la espalda,
se le han debilitado los brazos, las piernas...
Penélope, sola, encerrada en su palacio,
teje por las noches pensamientos enlazados,
rompe los hilos y los anuda,
forma finales felices que luego destruye.
Penélope, sola y encerrada en su palacio,
piensa en Telémaco,
sentado en una esquina, enmudecido, temeroso como un conejo,
pequeño e inmóvil
y por su mente pasa el recuerdo de Medea
pero no su locura y sus agallas.
Y Penélope piensa en Ulises,
en que hoy, más que nunca,
lamenta haber sido Penélope
y que tú seas Ulises.
Hoy, a tres días del aniversario del inicio de su viaje,
Penélope teje y desteje,
teje y desteje,
teje y desteje,
pensando en que Ulises, a tres días de cumplir tres años el comienzo de su andadura,
está en los brazos de Calipso sin acordarse de ella.
Penélope, sola, encerrada en su palacio,
desteje por el día sin molestarse en pensar que los pretendientes se molesten,
ya los espantó ella esperando que Ulises un día recobrara el juicio,
se montara en su barco y volviera a Ítaca.
Penélope desteje los recuerdos en su cabeza buscando el hilo traidor
pero han pasado tantas veces las hebras por sus dedos
que ya se le han borrado las huellas,
se le han secado los ojos, de tanto llanto y tanto observar,
se le ha encorvado la espalda,
se le han debilitado los brazos, las piernas...
Penélope, sola, encerrada en su palacio,
teje por las noches pensamientos enlazados,
rompe los hilos y los anuda,
forma finales felices que luego destruye.
Penélope, sola y encerrada en su palacio,
piensa en Telémaco,
sentado en una esquina, enmudecido, temeroso como un conejo,
pequeño e inmóvil
y por su mente pasa el recuerdo de Medea
pero no su locura y sus agallas.
Y Penélope piensa en Ulises,
en que hoy, más que nunca,
lamenta haber sido Penélope
y que tú seas Ulises.
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